* Fray Columbano y 2 Postulantes haitianos
“ESTE NO ES UN CASTIGO DIVINO”, DICE FRAY COLUMBANO.
Convertido en un icono religioso y esperanza en Villa Carbón, uno de los barrios más pobres de Puerto Príncipe, el sacerdote mexicano, originario de Zacatecas, atiende desde 2006 a los haitianos.
En español le dicen padre. En tepehuano, inchai. En swahili y creole, baba y onionpapá. Pero en las calles de Villa Carbón, uno de los peores barrios de Puerto Príncipe, le llaman de otra forma. ¡“Columba, Columba! ¡Pére Columba!”, le grita la gente cuando camina entre prostitutas, drogadictos, asesinos, narcotraficantes y enfermos de sida.
El de las sandalias y la cruz de madera es el padre Columbano Arellano, misionero de Zacatecas que vive en Haití, un ícono religioso y de esperanza en una de las zonas rojas, una zona a la que ni la policía, mucho menos los cascos azules se atreven a aventurarse, un nicho violento en una ciudad violenta de un país violento, la ciudad perdida en toda su esencia. En resumen, un concentrado de miseria.
Hoy de 63 años, Columba dejó México en 1983 y se ha especializado en ser misionero en algunos de los países más difíciles de nuestro planeta. “Primero estuve en Tanzania. Después en Malawi y más tarde en Cuba. En Haití llevo tres años”, recuerda el sacerdote franciscano. Haití, admite, podría ser su última aventura. “Ya estoy más grande que antes”, dice, no sin cierto cansancio. “Me cuesta más trabajo aprender la lengua”. Y sin embargo ha logrado hacerse entender el creole, la lengua haitiana, una variante simplificada del francés.
En Villa Carbón, sitio cuya pobreza probablemente no tiene comparación con ningún sitio de América, es el segundo barrio más pobre de Haití, a su vez el país más pobre del hemisferio. Columba ha llenado el espacio de líder religioso de la comunidad y se ha ganado su lugar como pilar de una población profundamente religiosa que vive en al abandono.
En la iglesia de Saint Alexander, Fray Columbano ha fundado un centro de atención a niños de la calle, hijos de madres que han muerto de sida y que solían vivir en alcantarillas de la zona. El centro, curiosamente, sobrevivió al sismo del pasado 12 de enero, que destruyó el 80% de la capital haitiana.
Tras el terremoto, Fray Columbano se ha dado a la tarea de tranquilizar a la población. En misa el domingo, trata de explicarles lo sucedido. Insiste en negar un aspecto religioso a la caída de una ciudad. “Este no es un castigo divino”, dice a sus feligreses. “Les digo que no lo piensen así ni se lo digan a sus hijos cuando les pregunten. Es sólo la tierra tratando de corregir nuestros errores”.
-Y después de esto, con 70,000 muertos de un golpe, ¿sigue creyendo en Dios?
- Por el contrario. Hoy más que nunca creo en Dios. Mi fe está más fuerte que nunca.
Mi fe está más fuerte que nunca, les dice el misionero franciscano Columbano a sus feligreses desesperados.